Alejandra,

atrapada en la oscuridad


Efecto Cocuyo • Cecodap



Funcionarios de las fuerzas especiales de la policía mataron a dos hombres el 6 de marzo de 2019. Uno de ellos era el padre de una adolescente, quien hoy oculta su llanto de los adultos que la rodean. Mientras tanto, en tribunales se lleva una batalla para evitar la impunidad. “La justicia no es suficiente”, adelantó Francisco Sánchez, psicólogo especializado en los procesos de duelo de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

Por: Vanessa Moreno Losada
Fotos: Mairet Chourio






La noche del 6 de marzo de 2019 fue la más negra para Alejandra. Aunque en la noche siguiente una falla eléctrica apagó las luces de todo el país y condenó a más de 30 millones de habitantes a la penumbra, la adolescente, de 13 años de edad, ya había quedado a oscuras. Como un presagio, estaba por acostarse cuando recibió la noticia que la dejaría sumida en una opacidad más honda que la falta de energía eléctrica que habría de venir 24 horas después.

“Mi mamá me llamó para que fuera a su cuarto. Allí estaba mi abuela y desde hace rato hablaban de algo. Escuché que era sobre mi papá, pero lo hablaban tan bajito que no entendí nada. Cuando llegué, mi mamá se quedó callada. No supo qué decirme. Fue mi abuela la que me dijo desde la puerta: ‘tu papá murió’”.

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Dólares. Esa fue la razón por la que Fernando Lira, de 31 años de edad, manejó junto a su amigo Eligio Duarte, de 41 años de edad, hasta el eje Guarenas - Guatire, estado Miranda. El dinero extranjero es la moneda paralela en Venezuela. Desde 2018, muchos bienes los comenzaron a transar en dólares, algunos incluso en efectivo, sobre todo los relacionados con materias primas importadas. Fernando, ex funcionario policial, era comerciante y necesitaba las divisas que había comprado una semana antes para adquirir el material para el estampado de franelas de una maratón. Zona de Estampado era su emprendimiento.

“La persona era de confianza. Ofreció los dólares en Instagram y la pareja de mi hermano le depositó el dinero. Para entregarlo, le dio muchas largas. Hasta que finalmente aseguró que ese miércoles entregaría el efectivo. A Fernando le parecía rara la situación, por lo que llamó a Eligio para que lo acompañara. Él usó su hora del almuerzo en la Policía de Chacao para ir con él”, indicó Alexis Lira, hermano de la víctima y abogado defensor del caso.

Aproximadamente a las 4:00 pm de ese día se difundió la información, entre periodistas, de que las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) habían “neutralizado” a dos secuestradores en la autopista Gran Mariscal de Ayacucho, a la altura de Trapichito en el estado Miranda, en el centro norte del país. Pero el relato de un testigo desmintió esta versión en menos de una hora.

Fernando y Eligio llegaron hasta la estación de gasolina de Trapichito en el vehículo del primero. Jonathan, quien vendió los dólares, se montó en el carro y cuando salían de allí un Ford Fiesta, color negro, les impidió el paso. De allí se bajaron dos hombres vestidos con prendas negras y dispararon contra ellos.

Fernando salió del auto con las manos en alto y Eligio hizo lo mismo desde el asiento del copiloto. A Fernando lo atraparon otros hombres que llegaron en otro carro Ford Fiesta negro y lo sometieron, mientras hicieron lo mismo con Eligio. Allí los mataron. En el sitio encontraron 14 cartuchos de balas.

“No sabemos por qué actuaron de forma desmedida e injustificada. Al final tú dices: los dólares nunca existieron. Si hubiesen existido, tú no te vas a meter en semejante problema para robarte 500$”, explica Alexis.

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Pequeñas guerras



Alejandra y Fernando eran de “mal carácter”. Así se describe ella y así recuerda a su padre. “De pequeña siempre tuve un carácter con él. Me preguntaba si quería esto o aquello y yo le decía, prácticamente todo el tiempo, que no. Por eso vivíamos como en una pequeña guerra, pequeños conflictos. Antes de que él falleciera, tuvimos un pequeño conflicto”, recordó Alejandra.

Tal fue el altercado, que la adolescente terminó castigada. Su padre le confiscó la tableta electrónica.



Ellos no compartieron la misma casa. Su madre y su padre no pudieron conciliar las diferencias, por lo que decidieron vivir separados. Alejandra quedó al cuidado de su madre, quien tiene otros dos hijos, uno mayor y otro menor que la hija de Fernando. Todos viven en una urbanización de clase media en el municipio Libertador, al oeste de Caracas, junto a los abuelos maternos de Alejandra.

Fernando, por su parte, tenía su casa en la de Dora, su mamá. Hace nueve años, Fernando conoció a María de los Ángeles, su actual pareja. Alejandra y ella hicieron match. “Conmigo Alejandra nunca fue malhumorada. Nos llevamos bien. Ahora trato de estar pendiente de ella, porque siento que eso es lo que quisiera Fernando”, aseveró.

María de los Ángeles fue la encargada de buscar a Alejandra el 7 de marzo para ir al velorio de su padre. También fue la única persona a la que la adolescente acudió por respuestas. “Preguntó que por qué lo habían matado. Le dije que era porque nos habían estafado y que la persona no quería pagar el dinero y tramó un plan para no pagarlo y se le escapó de las manos. Del resto, con relación al caso, no pregunta. Hablamos ese día de eso y ya no hemos hablado de nada”, precisó.

Pero Alejandra sí tiene más que decir. Ella guarda un registro de los periódicos que hablan del homicidio de su padre y está al tanto de lo que se publica en las redes de su tío y de María de los Ángeles.

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Justicia sin paz



Por el doble homicidio fueron imputados seis funcionarios de las Faes, una división de seguridad ciudadana que fue creado en 2017 y está adscrito a la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Actualmente están detenidos en su comando policial en Guarenas, aunque el tribunal Tribunal Cuarto en Funciones de Control del Circuito Judicial Penal de Miranda ordenó su detención preventiva en el Centro Penitenciario de Yare III, estado Miranda. Un uniformado más fue capturado, presentado en tribunales y liberado bajo régimen de presentación, pese a que en su contra pesa una condena por homicidio, y dos policías más tienen orden de captura y aún no han sido presentados ante un juez. Están prófugos.

“Ese grupo está involucrado en 24 homicidios en lo que iba de año. Es decir, en tres meses. Presuntos enfrentamientos con 24 muertos. Como el de mi hermano. Claro, eso no trasciende si la víctima no tiene recursos, no tiene conocimiento de las leyes y del sistema de justicia. Más que nada, no trasciende si tiene miedo”, explicó Alexis, quien es abogado penalista con posgrado en criminalística.

Asegura que las Faes es un grupo exterminio que se vale del terror para mantenerse impune. Describió que después de los homicidios, a los parientes de las víctimas les llegan amenazas de muerte telefónicas para que no denuncien. Incluso, algunos familiares son asediados hasta el punto de ser desplazados de su comunidad. “Pero como yo fui policía durante 15 años, yo me sé defender. Esta vez, mataron a quien no es”, precisa.

En junio de este año, la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas tomó la decisión de venir a Venezuela a corroborar la situación de los derechos humanos. Michelle Bachelet, quien es responsable de la entidad, aseguró a su partida que había “razones suficientes” para considerar que la mayoría de las muertes producidas por los hombres de las Faes en realidad eran ejecuciones extrajudiciales. Instó al Gobierno a eliminar la división.

Pero, un mes después, el gobernante Nicolás Maduro reiteró su apoyo al grupo considerado por entes nacionales e internacionales como violador de derechos humanos. “¡Todo el apoyo para el Faes en su labor diaria de darle seguridad al pueblo de Venezuela! ¡Que viva el Faes!”, exclamó el 17 de julio.

Pese a esto, Alexis brega en tribunales para que su hermano sea reivindicado. Sabe que parte de sus avances en el caso se debe a sus conocimientos en la materia y a su pasado como agente policial. “Me ha ido muy bien porque tengo muchos amigos y me he portado bien. Y estoy cosechando. Si yo no tuviera la cantidad de contactos que tengo por mi carrera, coño”, dijo.

También dice estar consciente del monstruo que debe vencer: la corrupción judicial. Narró cómo en una ocasión unas pruebas fueron entregadas a otra persona y no al fiscal del caso. La firma de un funcionario de Fiscalía fue falsificada y de no ser porque él tiene la figura de querellante en el proceso -rol que le permite acceder a todo el expediente-, aseguró que la prueba se hubiese perdido.

“El único consuelo que me queda es hacer justicia. Porque el daño que nos hicieron es irreparable. El dolor nadie nos lo va quitar y mucho menos a mi mamá, que parece que le quitaron la mitad de la vida”, alertó Alexis.


Aunque las entrevistas se produjeron en días diferentes, Alexis supo describir en una frase lo que ocurre en el interior de Dora, la madre de ambos. Ella misma reconoció que su estado de ánimo no es el mismo ni el mejor para mantener contacto con su primera nieta: Alejandra.

“Yo he tratado de no verla. Por la misma relación que ella tenía con su papá, de lo que significa ella para nosotros. He tratado de estar yo mejor, para estar con ella de manera agradable. En este momento yo no puedo ser objetiva, no puedo ni quiero serlo”, dijo.

Para Francisco Sánchez, psicólogo que realizó las entrevistas junto al equipo de Efecto Cocuyo, la historia de la familia Lira muestra que el acceso a la justicia sin un acompañamiento a las víctimas, no genera reparación en el dolor ni justicia plena.

“Es de los pocos casos en los que una ejecución por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, es judicializado. Entonces encontramos otra dimensión de la violencia armada. Si bien es justicia, la familia se pregunta, ‘¿qué hacemos con esa justicia?. Tenemos un Estado que no asume la reparación a las familias y ese es el gran reto en este y muchos casos”, indicó.

“Nadie sabe que por las noches lloro”



Hasta ahora, cuatro meses después del suceso, Alejandra solo lo ha conversado con dos amigos del colegio y una docente. La reacción de todos le pareció lejana y decidió no hablar del tema más. “Siento que mis amigos no me apoyaron, solo mi mejor amigo.Yo no sé. Los de mi colegio ni siquiera sabían por lo que yo estaba pasando”, indicó la adolescente.

El dolor persiste. En la entrevista con Efecto Cocuyo y Sánchez, Alejandra contó cómo en un episodio de discusión con sus compañeros por una silla, ella les recordó que estaba pasando por un duelo, que en ese momento tenía dos meses de ocurrido: “Grité que si no se daban cuenta que pasaba por un momento difícil. Les grité que mi papá ya no estaba en este mundo y que estaba cansada de todo esto. Todo el salón se quedó callado”.

Sánchez apuntó al respecto, que es aquí donde el Estado falló. En la historia de la familia Lira hay un acercamiento a la justicia, principalmente por las peripecias y conocimiento del hermano de la víctima, pero no a una atención integral a las víctimas.


“Alejandra tuvo que contar con una pronta asistencia por parte del Estado, por ejemplo, en materia de salud mental, de acompañamiento social. Ella estuvo asistiendo, antes de la muerte de su papá, a un acompañamiento psicológico privado. Después, no pudo seguir. ¿Cuáles serían las razones? ¿No podía pagar? ¿No podía ir por el transporte? ¿Interferiría con su rutina diaria?”, increpó el especialista, quien tiene ocho años trabajando con víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

Para el especialista, el dolor de una familia por un homicidio no es un dolor privado sino público, debido a la responsabilidad por omisión o acción del Estado en esas muertes. Solo en 2018 más de 5.000 familias quedaron en la misma situación que Alejandra, según cifras del propio Ministerio para Relaciones Interiores Justicia y Paz.

Por eso, Sánchez explicó que es deber del Estado subsanar el daño causado. Las familias no están preparadas para afrontar un duelo similar y en el caso de Alejandra tampoco lo estuvo su colegio. “Alejandra queda experimentando una vivencia de soledad y exclusión”, sentenció.

“Con mi mamá yo casi no hablo de eso. Ni siquiera sabe que yo me pongo a llorar en el cuarto. Tampoco mi abuela sabe que me pongo a llorar, sobre todo si escucho una canción que me recuerda a mi papá. A veces sí siento que mi mamá puede entrar, verme llorar y consolarme, pero nunca pasa eso. Me gustaría que pasara”, dice Alejandra.

Tú y yo somos como fuegos artificiales y sinfonías explotando en el cielo
Contigo estoy vivo
Como todas las piezas que faltan en mi corazón, finalmente chocan
Así que para el tiempo justo aquí a la luz de la luna
Porque nunca quiero cerrar los ojos
Sin ti, me siento quebrado
Como si fuera la mitad de un todo
Sin ti, no tengo mano para sostener
Sin ti me siento desgarrado
Como una vela en una tormenta
Sin ti, solo soy una canción triste
Solo soy una canción triste

Autor: We the Kings
Tema: Sad Song

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El caso de Alejandra




*Los nombres de los protagonistas fueron modificados para garantizar su seguridad y en cumplimiento con la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.

Créditos


Periodistas:
Julett Pineda - @julepineda
Cristina González - @cristinacgp
Vanessa Moreno Losada - @morelosadav
Gustavo Ocando Alex - @gusocandoalex
Francisco Rincón - @frajorim
Psicólogos:
Francisco Sanchez
Victor Coronado
Irma Peña
Fotografía y videos:
Mairet Chourio - @MairetChourio
Iván Ocando
Lizaura Noriega
Juan Camacho
Edición de Audio y Video
Miguel Rodríguez Drescher - @migueldrescher
Diseño, ilustración y programación web:
Ideográfiko - @ideografiko
Coordinación y Edición:
Jesús Noel Hermoso F. - @jesus_hermoso

Proyecto realizado por


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El contenido de este trabajo es responsabilidad exclusiva de Efecto Cocuyo y Cecodap, y en ningún caso debe considerarse reflejo de los puntos de vista de la Unión Europea y de Save The Children, organizaciones que brindaron apoyo para su realización.
Caracas, Venezuela - 2019