Stefany

perdió a dos papás


Efecto Cocuyo • Cecodap



En noviembre de 2007 David fue secuestrado. Unos hombres lo sometieron a una cuadra de su casa y su familia nunca más lo volvió a ver. Su hija, de un año de edad en ese entonces, se crió con Marcos, la nueva pareja de su madre. Hasta sus siete años la niña lo llamó “papá”; pero eso cambió cuando se enteró que la violencia delictiva le había arrebatado a su papá biológico.

Por: Vanessa Moreno Losada
Fotos: Mairet Chourio




Lo que prometía ser un día de juegos para Stefany, terminó por convertirse en un hito en su historia de vida. Ahora adolescente, de 12 años de edad, poco recuerda los detalles, pero sí la esencia. Cinco años antes su mamá solía dejarla ir a casa de una vecina. Para la niña era muy agradable porque allí se divertía jugando. Era un momento más para distraerse, hasta que Patricia, la vecina, la sentó en el mueble de la sala, le mostró un portaretrato que siempre estuvo en el buró y le dijo: “Con quién vives, ese no es tu papá. Es éste. Mi hijo”.

El 15 de noviembre de 2007 David recibió una llamada y salió de su casa, ubicada en la avenida Andrés Bello, en el municipio Libertador de la ciudad de Caracas. Cuando Patricia -su madre- despertó, no lo encontró. Horas después, un mensaje de texto le llegó al celular: “Estoy con unos amigos”.

En vez de calmarla, aquel mensaje la inquietó aún más. En una entrevista hecha por el diario El Nacional en 2013, Patricia explicó que el mecanismo de comunicación más usual que tenía el joven, de 26 años de edad, no eran los mensajes de texto sino las llamadas. “Él siempre llamaba y decía el sitio donde estaba. No era normal ese mensaje”, contó al medio de comunicación sobre la desaparición de su único hijo.

Patricia pasó años recorriendo las instituciones del Estado. Buscó en la morgue y en los centros de salud. Buscó en las comisarías policiales y en los albergues para personas en situación de calle. Llamó a sus familiares y también a los amigos de David. Nadie sabía de él.

“Ese día Patricia me llamó. Me dijo lo que había pasado y me preguntó si David estaba conmigo. Pero no. Porque para ese momento él y yo estábamos separados. Yo la ayudé un tiempo a buscarlo, hasta que llegaron las amenazas”, afirma Victoria, expareja de David y madre de Stefany.



Patricia explicó a El Nacional que poco a poco se vio obligada a bajar la intensidad de la búsqueda. Primero porque aseguró que no recibió apoyo del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc) ni del Ministerio Público, las dos instituciones competentes para tramitar las pesquisas en caso de desaparición. El otro factor de la mengua de sus indagaciones fue las amenazas

La desaparición de David fue un secuestro. Hasta allí logró averiguar Patricia, gracias a que un vecino vio cuando un grupo de hombres apuntó al joven con pistolas, lo golpearon y lo metieron en un carro. El testigo aseguró a la mamá, Patricia, que vio las siglas del Cicpc en la ropa de los secuestradores. Todo esto a una cuadra de su casa.

Un día ella recibió una llamada. Una voz masculina le dijo que no buscara más a David y le advirtió que si no se quedaba callada, le pasaría lo mismo que a su hijo. También Victoria sufrió un atentado. “Al mes de que él desapareció, yo me tuve que mudar porque un hombre armado llegó a la calle a preguntar por mí”, dijo. Para octubre de 2019, David aún no aparece.

Un año y tres meses fue lo que la pequeña Stefany pudo disfrutar de David, su padre biológico. “Cuando ella estaba con él, no lloraba y se le quedaba dormida encima. Pasaban el día viendo televisión y parecían siameses”, cuenta Victoria.

Aclara ahora que estas visitas eran esporádicas y después de los primeros meses se hicieron más distanciadas entre sí. Las constantes peleas entre ambos les dificultó la convivencia. Además, la madre ya tenía una pareja nueva, Marcos. “Como David tampoco buscó para darle el apellido, pues tampoco hay mucha historia qué contarle a la niña”, revela.

La desaparición de David fue un secuestro. Hasta allí logró averiguar Patricia, gracias a que un vecino vio que al joven cuando un grupo de hombres lo apuntó con pistolas, lo golpearon y lo metieron en un carro. El testigo aseguró a la mamá, Patricia, que vio las siglas del Cicpc en la ropa de los secuestradores. Todo esto a una cuadra de su casa.

Un día ella recibió una llamada. Una voz masculina le dijo que no buscara más a David y le advirtió que si no se quedaba callada, le pasaría lo mismo que a su hijo. También Victoria sufrió un atentado. “Al mes de que él desapareció, yo me tuve que mudar porque un hombre armado llegó a la calle a preguntar por mí”, dijo. Para agosto de 2019, David aún no aparece.

Un año y tres meses fue lo que la pequeña Stefany pudo disfrutar de David, su padre biológico. “Cuando ella estaba con él, no lloraba y se le quedaba dormida encima. Pasaban el día viendo televisión y parecían siameses”, cuenta Victoria.

Aclara ahora que estas visitas eran esporádicas y después de los primeros meses se hicieron más distanciadas entre sí. Las constantes peleas entre ambos les dificultó la convivencia. Además, la madre ya tenía una pareja nueva, Marcos. “Como David tampoco buscó para darle el apellido, pues tampoco hay mucha historia qué contarle a la niña”, revela.

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Deslealtades sin cierre


“Me llevo mal con mi papá (Marcos). Desde que me enteré que tenía otro padre, he cambiado mucho. Yo sé que he cambiado mucho. No recuerdo mucho qué hice yo cuando me contaron. Hubiera preferido que me lo dijera mi mamá, con más calma. No se lo he dicho porque es difícil”, cuenta Stefany en una entrevista realizada por el equipo de Efecto Cocuyo en la casa de la abuela paterna.

Ella tiene muy bien cuidados los sentimientos relacionados al día en el que se enteró que tenía otro papá. Están custodiados por la apariencia de la indiferencia y la apatía. Apenas se le menciona el asunto, la adolescente se retrae y sus respuestas se vuelven monosilábicas.

De hecho, el episodio quedó oculto entre la abuela paterna y Stefany, de siete años, hasta que los cambios de conducta de la niña alertaron a su mamá, Victoria. “Noté que desde ese día ella se volvió agresiva. Luego, comenzó a decirle a Marcos que él no era su papá. Ahí me di cuenta que algo pasaba y la llevé al psicólogo”, explica.

La confirmación vino de una fuente externa. Un psicólogo le informó a Victoria que en la casa de la abuela materna la niña había recibido la noticia. “No me dieron la oportunidad de decirle, no consideraba que era el momento, por su edad. Ella nunca me dijo nada que estaba molesta porque yo no le conté. Después, hemos conversado sobre eso, pero para ella no ha sido igual”, detalla Victoria.



Francisco Sánchez, psicólogo e investigador de la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin), precisa la situación Stefany y su familia: “se trata de una experiencia ambivalente”.

“Cuando hablé con ella me relató con indignación lo que había pasado en casa de su abuela. Ella dice que tenía cinco años, más o menos. No supo reconocer la emoción que le produjo ese momento. Al profundizar más, sí logra decir que sintió una doble pérdida. El que era su papá, dejó de serlo y ahora, este nuevo papá que está muerto, nunca lo conoció. Extrema confusión”, explica el psicólogo después de la entrevista con la adolescente.

Agrega que con esta manera de conocer su origen biológico, la adolescente vive una pérdida que se traduce en múltiples deslealtades. “Los vivos no conservaron transparencia y verdad. Al contrario, al mentirle durante su infancia, generan desconfianza”, indica Sánchez.

“Sí siento que hay como un cariño hacia él. Le han dado varios ataques y ella grita ‘si mi papá estuviera vivo’, pero ella no lo recuerda en verdad. Es como si tuviera rabia conmigo. Como si yo le hubiese quitado a su papá o yo tuviera culpa de que ella no viera más”, alerta Victoria.

En Venezuela la cifra de personas desaparecidas no es pública, pese a que existe una división en el Cicpc (Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas) dedicada exclusivamente para trabajar estos casos. Se trata de la unidad de Atención a la Víctima, según se indica en el portal web de la institución. Entre sus funciones se encuentra “investigar los casos tendentes a la localización de personas denunciadas como desaparecidas” y “la incorporación en el Sistema de Investigaciones e Información Policial a las Personas reportadas como desaparecidas”.

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En un reportaje publicado por El Nacional en marzo de 2018, se indica que los casos quedan archivados porque no hay personal. Para reforzar el área de investigación criminal se requieren al menos 35.000 funcionarios, destacó Miguel Dao, comisario jubilado y exdirector del Cicpc.

El caso de David permanece archivado. En 2013, después de la publicación del artículo sobre su desaparición, el Ministerio Público se comunicó con Patricia. Le aseguraron que abrirían una investigación. La promesa quedó en el aire y la sospecha de una desaparición forzada y posterior ejecución extraoficial, permanece.

Pauline Boss es profesora emérita del Departamento de Ciencias Sociales de la Familia, Facultad de Educación y Desarrollo Humano, Universidad de Minnesota. Es también una de las especialistas que ha trabajado con la Cruz Roja Internacional para la atención psicosocial de los parientes de desapariciones.

“La incertidumbre sobre el destino de su ser querido, imposibilita el cierre de ciclo y el desarrollo normal de la vida. Por lo tanto, la desaparición forzada (o incluso, no forzada), pertenece a la categoría que ella define como de Pérdida Ambigua”, publicó Hannya Melissa Ariza Galindo en su tesis de grado titulada El concepto de duelo en los familiares de los desaparecidos: una revisión de la literatura para la Universidad del Rosario en Colombia. Es parte del análisis que hace sobre el trabajo de Pauline Boss, profesora emérita de la Universidad de Minnesota y especialistas para la atención psicosocial de los parientes de desapariciones, que ha colaborado con la Cruz Roja Internacional.

Al respecto, Sánchez precisa que éstas consecuencias están marcadas en la familia de Stefany: “La posibilidad de reparar los vínculos, los daños hechos, y generar nuevos lazos, queda coartada en esta familia. Esto se relaciona con las desapariciones. Al no ver el objeto a reparar, al no haberse interiorizado ni comprendido, es muy difícil perdonar, disculpar o tan solo dialogar”.

Respecto a la identidad biológica y legal, Carlos Trapani, coordinador general del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), recuerda que los niños, niñas y adolescentes tienen un derecho que está contemplado en la constitución: saber su identidad biológica y ser registrados con ella.



Esto fue ratificado por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, luego de que la organización civil y el Consejo Nacional de los Derechos del Niño y Adolescente (Cndna) pidieran una interpretación de los artículos 56 y 76 de la Carta Magna.

En el dictamen, redactado por la presidenta de la instancia, magistrada Luisa Estella Morales, indica que "siempre y cuando exista una contradicción entre la identidad biológica y la legal y, sea posible el conocimiento cierto de la identidad biológica de los ascendientes, ésta debe prevalecer sobre la identidad legal, por cuanto es aquella la que le otorga identidad genética y del conocimiento del ser al hijo o hija respecto a sus ascendientes biológicos".

El abogado destaca ésta como la primera violación del Estado contra Stefany, pues por omisión genera un hecho violento que desencadena un proceso difícil de restitución de la normalidad en la vida de la adolescente.

Con esto coincidió Sánchez, quién agregó que la experiencia de ambivalencia dejó desprotegida a Stefany. “Para ella la infancia y la niñez pueden ser sinónimos de desprotección, de desconfianza. Tal vez por ello su búsqueda incesante de dejar atrás la infancia, a sus 12 años”, analiza. Para el especialista todo comienza con la falta de justicia y apoyo psicológico para la familia por parte de las instituciones del Estado.

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Una ayuda que no llega


La adolescencia es una etapa del desarrollo humano, difícil. Sánchez define este periodo como el momento en el que el niño comienza a buscar su identidad. Se transforma la manera en la que ve el mundo y se consolida la autoconcepción, muchas veces con elementos externos y la aceptación de otros.

“El dolor por una muerte se procesa distinto en los adolescentes. Mientras éste puede ponerse en situaciones de riesgo, como una forma de drenar su sentimiento, el niño lo va a manifestar de otra forma. Por ejemplo, un adolescente puede exponerse al consumo de sustancias, mientras que un niño no suele tomar esa conducta”, expone Sánchez.

Stefany está en el principio del camino zigzagueante de la adolescencia. Y una de las curvas que transita es la de dar forma a su apariencia física. Es una adolescente que viste como mujer, y con detalles coquetos que la hacen resaltar. Blusa ceñida y jeans ajustados persiguen perfilar volumen en su figura.

Sus referentes parecieran estar en adolescentes mayores que ella, pues asegura que sus contemporáneos le “molestan” y no suele compartir con ellos fuera del salón de clases. “Son inmaduros”, dice.

Gran parte de su tiempo libre lo dedica a compartir contenido en Facebook, una red social que para ella representa un escape. Allí, le gusta publicar fotos de sí misma y bloquea a todo aquel que la haga comentarios indecorosos.

El contenido de las imágenes puso en alerta a los adultos de su entorno. Victoria tomó la previsión de decomisar el teléfono como un mecanismo de protección a su hija, y reforzó la búsqueda de apoyo psicológico que desde los siete años tiene.

“Nosotros llevamos como cinco años yendo al psicólogo. Siempre hemos buscado, pero hemos ido solo a privados. Ahora que entré a trabajar en la Contraloría fue que encontré un centro de atención público”, dice Victoria.



Ante la ausencia de apoyo psicológico, para reparar la grieta que causó la desaparición de David; la solución de Victoria fue abocarse a su hija. A sus 33 años de edad, la madre de Stefany comenzó a estudiar nuevamente y escogió la carrera de Contaduría. Decidió también buscar un trabajo por primera vez desde que nació su primogénita.

La herencia


Para Victoria su hija es su centro de atención. No quiso trabajar ni estudiar una carrera universitaria anteriormente para mantenerse cerca de ella y apaciguar sus estados de ánimo. También para mantenerla alejada de la calle y los riesgos que representa. Con la activación de la cuenta en Facebook, la madre se volvió más protectora, con la intención de evitar la sobreexposición de la adolescente.

La figura paterna de Marcos ha sido de gran ayuda para Victoria. Sin dudar, el hombre reconoció a la niña como suya y hoy Stefany lleva su apellido. Desde la acera de la madre él la ha tratado como su hija y agradeció los esfuerzos que hace pese a tener una carrera policial. “Él ya es jefe en la Policía Nacional Bolivariana (PNB) e hizo un horario que le permite pasar más tiempo con nosotros”, detalla.

Durante la entrevista con Sánchez, Stefany admitió que se ha alejado de él. Tiene como fecha de inicio de esa conducta el día en el que le dijeron que él no era su papá. “Él me trata con el mismo cariño, me trata igual; pero yo no. Estos últimos años he estado más distante”, confirma la adolescente sin dar detalles.

Stefany no es la única hija de David. De madres distintas, el joven desaparecido dejó cuatro descendientes. Uno de sus hermanos por parte de papá, quien tiene dos años más que ella, es el más cercano. La relación nació hace más de un año y es una de las historias de reunificación familiar que Facebook ayudó a consolidar.

De esta forma, una relación de hermandad nació y la casa de aquella vecina que derivó en abuela materna, se irguió como el centro del lazo. Para ella, su hermano Tomás es el vínculo más cercano a su papá. Él es su cuidador.

“Vive en Pinto Salinas, el otro se fue del país y hay un hermano más que no sabemos quién es. Tomás y yo nos cuidamos. Es como si fuera mi papá. Pero no tan fuerte, normal. Él tiene una mentalidad casi como la mía y nos llevamos muy bien”, narra Stefany. Cada vez que va a la casa de Patricia, saluda a todos y si su hermano está ella, se queda a compartir.

Victoria es consciente de esta unión. Reconoce que el adolescente es una figura positiva para su hija y asegura que el lazo es tan fuerte como “si se conocieran de toda la vida. (...) Ellos pelean bastante, porque a él no le gusta lo que ella publica en Facebook. Le aconseja que no ponga fotos mostrando tanto o no diga cosas feas. Una vez dijo que le gustaría tener un accidente y no despertar más”, alerta la mamá.

Éstos deseos y la agresividad de su hija son los enemigos de la vida familiar. Stefany vive con su madre, Marcos y un hijo que nació de ambos en 2017. La adolescente ha ganado dos hermanos en menos de dos años.

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El caso de Stefany




*Los nombres de los protagonistas fueron modificados para garantizar su seguridad y en cumplimiento con la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.

Créditos


Periodistas:
Julett Pineda - @julepineda
Cristina González - @cristinacgp
Vanessa Moreno Losada - @morelosadav
Gustavo Ocando Alex - @gusocandoalex
Francisco Rincón - @frajorim
Psicólogos:
Francisco Sanchez
Victor Coronado
Irma Peña
Fotografía y videos:
Mairet Chourio - @MairetChourio
Iván Ocando
Lizaura Noriega
Juan Camacho
Edición de Audio y Video
Miguel Rodríguez Drescher - @migueldrescher
Diseño, ilustración y programación web:
Ideográfiko - @ideografiko
Coordinación y Edición:
Jesús Noel Hermoso F. - @jesus_hermoso

Proyecto realizado por


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El contenido de este trabajo es responsabilidad exclusiva de Efecto Cocuyo y Cecodap, y en ningún caso debe considerarse reflejo de los puntos de vista de la Unión Europea y de Save The Children, organizaciones que brindaron apoyo para su realización.
Caracas, Venezuela - 2019